La gigante petrolera estatal mexicana Pemex está acelerando los planes para aumentar la producción reabriendo cerca de 400 pozos inactivos en tierra, asociándose con empresas privadas a través de contratos de servicios para abordar pozos previamente cerrados debido a altos costos o desafíos técnicos.
La iniciativa apunta a elevar la producción de crudo de los actuales 1,6 millones de barriles por día hacia el objetivo de la administración Sheinbaum de 1,8 millones de bpd.
Bajo el modelo propuesto, los operadores privados asumirán los costos iniciales para ingeniería, operaciones y mantenimiento, y recibirán una remuneración vinculada al rendimiento del campo bajo una tarifa negociada.
El plan se lanza en octubre de 2025, con una meta inaugural de restaurar 13.000 barriles por día para fin de año a través de una inversión de 1.500 millones de pesos. Un acuerdo histórico con Carlos Slim a principios de este año vio ~1,99 mil millones de dólares comprometidos para perforar 30 pozos en la zona rica en gas y petróleo de Ixachi, Veracruz.
Pemex enfrenta vientos en contra crecientes. La producción ha disminuido un 8,6% interanual en medio del agotamiento natural de los pozos, el mantenimiento atrasado y una base activa de equipos de perforación en disminución—actualmente un 10% menos que a mediados de 2024.
La empresa lleva una deuda abrumadora—según los informes se acerca a los 105.000 millones de dólares—y está bajo presión por más de 21.000 millones de dólares en pagos pendientes a contratistas. Estas cargas financieras han obligado a Pemex a buscar asociaciones público-privadas más agresivas.
Mientras tanto, los desafíos de refinación y exportación complican aún más el panorama. La refinería Olmeca de Pemex—supuestamente para ayudar a reducir las importaciones de combustible—opera a menos del 40% de su capacidad, con una producción que baja mes a mes. En EE.UU., Pemex también está revisando unidades críticas en su refinería Deer Park en Texas, operaciones que suministran productos procesados de vuelta a México.
Para respaldar estos movimientos, Pemex y el gobierno de México presentaron un Plan Estratégico 2025–2035, prometiendo fortalecer la soberanía energética, desbloquear nuevos modelos de inversión y reposicionar las finanzas de Pemex. Pero el éxito exigirá más que ambición: requerirá superar la opacidad legal, asegurar capital y verificar el rendimiento de los campos revitalizados en un entorno con restricciones de capital y de alto riesgo.
El próximo año probará si Pemex puede detener la declinación con operaciones más eficientes y asociaciones más inteligentes—o si los sueños energéticos de México seguirán siendo frenados por sus restricciones como estado acreedor.




















































































































