Funcionarios chinos y de la Unión Europea esta semana indicaron que ambos podrían forjar lazos comerciales más cercanos ante la ofensiva de aranceles del presidente Trump. Esto ocurre a pesar de los intentos de la UE por restringir el flujo de bienes chinos hacia el bloque, especialmente en sectores como energía y vehículos eléctricos (EVs).
China y la Unión Europea intercambiaron opiniones sobre el fortalecimiento de su cooperación económica y comercial en respuesta a los aranceles de EE.UU., según declaró el Ministerio de Comercio de China el jueves.
En una videollamada el martes, el ministro de Comercio chino, Wang Wentao, discutió con el comisario europeo de Comercio y Seguridad Económica, Maros Sefovic, la reanudación de conversaciones sobre medidas comerciales y la inmediata negociación de compromisos de precios para vehículos eléctricos, según el comunicado del ministerio chino.
Las conversaciones se producen después de que la UE impusiera aranceles de hasta el 35.3% sobre autos eléctricos chinos, adicionales al arancel del 10% ya existente, con el objetivo de proteger a los fabricantes europeos, que han tenido dificultades para competir con las empresas chinas en costos y calidad.
Wang instó a China y la UE a salvaguardar conjuntamente el sistema multilateral de comercio basado en reglas y a adherirse a la liberalización y facilitación del comercio, «lo que inyectará más estabilidad y certeza a la economía mundial y al comercio global», según el comunicado.
La Unión Europea también ha discutido restringir las importaciones de paneles solares y otros equipos chinos para estimular la producción doméstica y aumentar la autosuficiencia en un sector que considera vital para la industria energética.
Sin embargo, lograr esa autosuficiencia será difícil, dado que China controla las cadenas de suministro relacionadas con la transición energética después de décadas de desarrollo. Solo en tierras raras, China representa el 70% de la oferta global, sin mencionar su capacidad en fabricación solar y baterías.
La UE impuso aranceles adicionales de hasta el 35.3% a los vehículos eléctricos fabricados en China a fines de octubre, tras una investigación por subsidios, además del arancel estándar del 10% para importaciones de autos.
El presidente Trump anunció una pausa de 90 días en la mayoría de los aranceles, así como una reducción al 10%, pero aún está por verse si la UE tomará esta medida al pie de la letra y asumirá que evitó lo peor. Mientras tanto, el bloque discute relaciones comerciales más profundas y cooperación en inversiones con Beijing. Dado que esto no será visto como un desarrollo deseable en Washington, podría prepararse una respuesta.
Una cooperación más estrecha con China podría ser una bendición mixta para las empresas europeas involucradas en la transición energética. Por un lado, les daría acceso al conocimiento tecnológico chino. Por otro, la dependencia de China no es motivo de celebración en Europa.
Este acercamiento entre China y la UE refleja una estrategia geopolítica para contrarrestar la presión comercial de EE.UU., especialmente en sectores críticos como la energía y la movilidad eléctrica. China, al dominar las cadenas de suministro de energías limpias, busca consolidar su influencia en Europa, mientras que la UE enfrenta el dilema de depender de China para su transición energética o arriesgarse a quedarse atrás en competitividad.



















































































































