El Estrecho de Ormuz, una franja de agua de apenas 39 kilómetros de ancho en su punto más angosto, es uno de los pasos marítimos más críticos del mundo. Ubicado entre Irán y Omán, conecta el Golfo Pérsico con el Golfo de Omán y, posteriormente, con el Océano Índico.
Su importancia radica en que por este corredor transita alrededor del 30% del petróleo mundial, lo que equivale a unos 21 millones de barriles diarios, además de grandes volúmenes de gas natural licuado (GNL).
Países como Arabia Saudita, Irak, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Catar dependen casi por completo de esta ruta para exportar sus hidrocarburos, convirtiendo a Ormuz en un punto neurálgico para la economía global.
Un punto de tensión permanente
La relevancia estratégica del Estrecho de Ormuz lo ha convertido en un escenario recurrente de tensiones geopolíticas. Irán, que controla la parte norte del estrecho, ha utilizado su posición como herramienta de presión en momentos de conflicto con Occidente.
En 2019, por ejemplo, el gobierno iraní amenazó con bloquear el tránsito de petróleo en respuesta a las sanciones estadounidenses, lo que provocó una escalada militar con la intervención de buques de la Armada de EE.UU. y sus aliados. Incidentes como el ataque a petroleros en 2019 y la confiscación de buques por parte de Irán en 2023 han demostrado la fragilidad de la seguridad en la zona.
¿Por qué es tan importante el estrecho de Ormuz?
La importancia del estrecho de Ormuz es difícil de exagerar; es el principal cuello de botella energético del mundo.
El bloqueo temporal o indefinido de dicha ruta puede provocar interrupciones sustanciales en el suministro energético global y un fuerte aumento en los costos de la energía.
Un volumen asombroso del suministro energético mundial atraviesa esta vía marítima. Los principales miembros de la OPEP, entre ellos Arabia Saudí, Irán, Irak, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos, dependen del estrecho para enviar su petróleo crudo y sus productos petrolíferos a los mercados mundiales. Qatar, uno de los mayores exportadores mundiales de GNL, envía la gran mayoría de sus cargamentos a través del estrecho.
Los principales destinos de estas exportaciones energéticas son las economías en rápido crecimiento de Asia, entre ellas China, Japón, India y Corea del Sur. Por consiguiente, cualquier inestabilidad en el estrecho de Ormuz provoca una onda expansiva inmediata no solo en los mercados mundiales del petróleo, sino también directamente en los centros industriales y económicos de Asia y más allá.
La falta de alternativas viables a gran escala para evitar el estrecho consolida su importancia. Los oleoductos existentes, como el Oleoducto Este-Oeste en Arabia Saudita o el Oleoducto de Petróleo Crudo de Abu Dhabi, solo pueden acomodar una fracción del flujo total de petróleo. La construcción de nuevos oleoductos es una tarea costosa y políticamente compleja que no puede reemplazar rápidamente la gran capacidad de volumen del transporte marítimo en buques cisterna.
Alternativas al estrecho de Ormuz
El inmenso riesgo estratégico asociado a un único punto de fallo para una quinta parte del suministro energético mundial ha llevado a los países del Golfo a desarrollar y proponer un número limitado de rutas alternativas.
Estas alternativas, principalmente oleoductos terrestres, ofrecen cierta mitigación, pero no pueden sustituir por completo el volumen y la flexibilidad del tráfico de petroleros a través del estrecho.
Ante la constante amenaza de un cierre del estrecho, algunos países han buscado alternativas.
Los Emiratos Árabes Unidos (EAU), por ejemplo, inauguraron en 2012 el oleoducto Habshan-Fujairah, que permite transportar hasta 1.5 millones de barriles diarios evitando Ormuz. Sin embargo, esta solución solo cubre una fracción mínima del tráfico total, dejando a la mayoría de las exportaciones energéticas de la región aún vulnerables.
Además, Qatar, el mayor exportador mundial de GNL, sigue dependiendo casi exclusivamente de esta ruta, lo que aumenta los riesgos para el mercado energético en caso de una crisis.
¿Cuánto petróleo y gas pasa cada día por el estrecho?
El flujo diario de energía a través del estrecho de Ormuz es inmenso y se ha mantenido constantemente alto durante décadas.
Según la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA), en los últimos años han transitado por el estrecho una media diaria de aproximadamente 21 millones de barriles de crudo, condensado y productos petrolíferos. Esta cifra representa aproximadamente el 30 % del total del petróleo comercializado por mar en todo el mundo y alrededor del 20 % del consumo total de líquidos petrolíferos a nivel mundial.
Además del petróleo, el estrecho es una vía vital para el GNL. Alrededor de 4 billones de pies cúbicos de GNL, principalmente procedentes de Qatar y los Emiratos Árabes Unidos, pasan por el estrecho cada año. Esto representa más de una cuarta parte del comercio mundial total de GNL, lo que hace que el estrecho sea tan importante para el gas natural como lo es para el petróleo.
¿Quién controla el estrecho de Ormuz?
El control del estrecho de Ormuz es una cuestión compleja y controvertida, que implica el derecho internacional, el poder militar y la política regional.
Desde el punto de vista jurídico, el paso está regulado por la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CNUDM). La CNUDM establece el derecho de «paso en tránsito», que permite a los buques, incluidos los buques de guerra, atravesar estrechos internacionales como el de Ormuz sin obstáculos, siempre que su paso sea continuo y rápido.
Aunque Estados Unidos no ha ratificado el tratado, reconoce este derecho como una cuestión de derecho internacional consuetudinario. Irán, signatario pero no ratificador del tratado, ha cuestionado periódicamente este derecho, argumentando que debería tener más control sobre los buques militares extranjeros que transitan por el estrecho.
Militarmente, Irán es la potencia dominante a lo largo de la costa norte. Sus fuerzas navales se dividen en dos entidades: la Armada regular Artesh y la Armada del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGCN), más impulsada por ideologías.
La IRGCN es la principal fuerza dentro del estrecho y emplea una estrategia de guerra asimétrica. Esto implica el uso de una gran flota de lanchas rápidas pequeñas, veloces y fuertemente armadas, misiles antibuque, minas navales y drones para contrarrestar la superioridad naval de potencias más grandes como Estados Unidos.
Irán también controla varias islas estratégicas con vistas a las rutas marítimas, entre ellas Abu Musa y las islas Gran Tunb y Pequeña Tunb, que sirven de plataformas para sistemas de vigilancia y armamento.
Omán, que controla la costa sur, desempeña un papel más diplomático y neutral. Mantiene buenas relaciones tanto con Irán como con las naciones occidentales y a menudo actúa como interlocutor para reducir las tensiones.
En respuesta a las amenazas y acciones iraníes, Estados Unidos mantiene una fuerte presencia naval en la región, centrada en su Quinta Flota, con sede en Baréin. Además, se han formado coaliciones internacionales para proteger el transporte marítimo. La Estructura Internacional de Seguridad Marítima (IMSC), una iniciativa liderada por Estados Unidos, se creó en 2019 para disuadir los ataques a buques comerciales y garantizar la libertad de navegación.
La geopolítica del petróleo y el nuevo orden energético
Más allá de los conflictos inmediatos, el Estrecho de Ormuz simboliza la lucha por el control de los recursos energéticos en un mundo que, aunque avanza hacia las energías renovables, sigue siendo profundamente dependiente de los combustibles fósiles.
China, el mayor importador de crudo del mundo, obtiene gran parte de su suministro a través de Ormuz, lo que ha llevado a Pekín a estrechar lazos con Irán para garantizar la seguridad de sus intereses.
Mientras tanto, Estados Unidos mantiene una presencia militar constante en la región, con la Quinta Flota estacionada en Bahrein, como disuasivo ante cualquier intento de interrupción del flujo comercial.
Una ruta que puede cambiar el mundo
El Estrecho de Ormuz no es solo una ruta marítima; es un termómetro de las tensiones globales. Su eventual cierre, incluso temporal, podría desencadenar una crisis energética con efectos inflacionarios en todo el planeta. En un contexto donde la transición verde aún no ha reemplazado al petróleo, y donde las rivalidades entre potencias se intensifican, Ormuz seguirá siendo, por mucho tiempo, uno de los lugares más peligrosos—y decisivos—del mundo.




















































































































